Reto del Juntaletras: La construcción de una historia

El Reto del Juntaletras es un reto propuesto por el escritor y bloguero Carlos J. Eguren en su blog El antro de los vampiros y otros monstruos. Consiste en escribir tu novela en 12 meses.

Es una excusa más que buena para empezar a escribir. Me apunté al reto de Carlos hace ya unos meses, con la intención de aprovechar el empuje de motivación que supone estar haciendo esto a la vez que otras personas, para trabajar en una historia que llevaba un tiempo pensando y maquinando, sin saber por dónde meterle mano durante años. Ahora que por fin encontré el enfoque para ella el reto me viene de maravilla para escribirla.

Tras haber finalizado mi último poemario el pasado 21 de abril por fin tenía la mente despejada como para centrarme en condiciones y ahora alterno la corrección de dicho poemario con la preparación de la historia. Esto último es algo más que tener una idea y empezar a escribirla, hay un trabajo previo bastante importante.

Paso a desgranar aquí parte de mi proceso de construcción de la historia, lo que me ha tenido ocupada en los últimos meses mientras escribía a la vez los últimos versos del poemario.

Trabajo con la idea base.

Como dije al principio, la idea de la historia en la que ando ahora enfrascada tiene ya bastante tiempo. Es recurrente, y eso me ha venido bien porque cada vez que acudía a mí y que le dedicaba tiempo he podido ir avanzando en la construcción del esqueleto.

La primera de las ideas que acuden, la que hace pensar que podría tener potencial y todo, suelo anotarla en algún cuaderno. Muchas veces no ha pasado de ahí, así que sólo apunto y dejo reposar, a ver si con el tiempo sigue teniendo tirón o no. Cuando dicha idea se vuelve una constante, no me la consigo sacar de la cabeza y, además, cada vez que pienso en ella me veo anotando cosas nuevas es porque lo mismo puede que funcione. Es cuando le empiezo a prestar más atención.

Durante una temporada me dedico simplemente a apuntar todo lo que se me ocurre, sin pretensiones de nada, sin ponerme límites. Aunque hayan cosas que se contradigan, esta es una fase inicial, donde busco poder entender la idea del principio, la que arranca todo, y el mundo en que está inspirada, sus personajes, su funcionamiento… Para eso necesito este tiempo de anotación y trabajo antes de pasar a algo más serio.

Guiones.

Me dejo ya de introducciones y me pongo seria. He repetido eso de hacer un guión para mi historia un par de veces y espero que esta última sea la definitiva, puesto que el paso del tiempo y un intento anterior de escribir este proyecto me han dado herramientas suficientes como para que esta vez sí que salga.

Se suele hablar de los escritores de brújula y mapa (explicación aquí). Siempre me he considerado más cercana a ser una escritora de brújula que de mapa, planificar absolutamente cada detalle termina por matar el interés que tenga por mis textos. Pero que me guste más dejarme llevar porque eso me inspire, porque es como funciono, no significa que parta de cero y no tenga nada previsto: también me hago guiones, aunque son esquemáticos a más no poder. Y puede dar fe de ello Anxo Cunningham, que vio mi guión del año pasado para el NaNo (medio folio me ocupaba) y me preguntaba que cómo iba a sacar de ahí algo.

Para mí es importante hacerlos, a pesar de que más que guiones sean esquemas someros. Confiar en que del tirón, sin nada pensado, vaya a sacar una historia entera  no lo veo posible porque sé que el empuje inicial sin esa base me va a durar las primeras diez mil o veinte mil palabras. Y quedarme en dicha cantidad, sabiendo que solo ha sido una introducción, da mucha frustración, por lo que prefiero tener las cuatro o veinte ideas apuntadas y ordenadas para saber por dónde empezar, seguir y terminar. Porque tener el final claro es una clave muy importante para no dar vueltas en círculos sin saber cómo salir del atasco.

Dicho lo dicho, definir qué contienen mis guiones es sencillo. Dedico un documento en word a apuntar los detalles más llamativos que se me hayan ocurrido (posibles nombres, localizaciones…). Sólo para detalles, como una página de consulta por si tengo alguna duda mientras escribo. Pero lo más importante es el documento que me hago con el guión en sí: divido la historia en posibles capítulos y dedico un par de líneas a escribir qué pasará en cada uno de ellos. Nada más que eso.

Para haber llegado hasta ese punto he estado antes dándole bastantes vueltas a todo lo que había anotado en el paso anterior. En esos momentos tengo clara la estructura, la línea temporal, y junto con los detalles (personajes, lugares, objetos…) que he apuntado por otra parte tengo ya para empezar. Ya dije que soy bastante brújula y necesito el aliciente de saber cómo la acción que había pensado para ese capítulo (ejemplo: “el protagonista viaja a X sitio y se encuentra allí con Y”) ocurre, necesito descubrirla conforme la narro.

La desventaja evidente de este método es que luego la corrección que debo dedicarle es bastante más profunda que si lo planificase todo al dedillo. Pero antes de preocuparme por el tema de corregir prefiero dedicarle mis pensamientos a terminar de escribir la historia, que es lo que me interesa en estos momentos.

Planificación.

Una vez que tengo el resumen anterior toca la planificación de la escritura en sí. Soy opositora, muy previsiblemente voy a estar este verano trabajando (a la espera ando de que el teléfono me dé esa alegría), así que organizar la escritura es clave para que consiga llevar todo adelante sin que sea un agobio absoluto todo.

Calculo primero la extensión aproximada. Es tan fácil como calcular a ojo cuánto podría ocuparme de media un capítulo (dos mil, cinco mil, diez mil palabras… las que sean) y multiplicarlo por el número de capítulos que he pensado cuando me hice el guión.

¿Por qué hago esto? Me he acostumbrado al reto anual que supone el NaNo. Sé lo que es escribir cincuenta mil palabras en un mes y después de años haciendo este reto ahora no puedo quitarme de encima la costumbre de prever la extensión aproximada antes de escribir. Me trazo a raíz de este cálculo un calendario de escritura aproximado. Así puedo dividirme el trabajo en partes más asequibles diarias (quinientas palabras, por ejemplo) para mantener un mínimo y un ritmo de trabajo continuo.

Preparación del material a usar.

Una vez tengo ya los guiones y el calendario listo, es el momento de preparar el material accesorio, esa parte de apoyo importante para la escritura. Es cuando acumulo imágenes o música para inspirarme según lo que tenga pensado en cada parte. También archivo esa documentación que haya usado o lo que haya investigado para dar solidez al texto (dejo al alcance solo lo necesario). Si fuese de pensar cada detalle al dedillo tendría las fichas de personajes y lugares en estos momentos al lado, desarrolladas al máximo, pero en lugar de eso solo tengo el documento donde detallo un poco cada uno de ellos.

¿Todo listo, todo preparado? Calendario delante, es el momento de trabajar en lo más interesante de todo: escribir la historia. En ese punto en concreto es el que estoy ahora. Ha llegado el momento de sentarse a teclear eso que he estado planificando estos meses entre versos.

2 Comments

  1. Nurse Lecter

    La verdad que es interesante ver tu forma de trabajar. Entrada que va a favoritos para poder leerla de vez en cuando y poder olvidarme un poco de mi forma asalvajada de escribir. Yo, a lo que me salga, a la buena de Dios.
    Y como siempre, gracias por dejarnos información sobre retos y propuestas literarias.
    Un verdadero placer leer este post, Isi.

    • Isabel Garrido

      De nada, mujer. Puesto tal y como sale aquí suena muy organizado, pero en realidad dejo bastante a la improvisación y la imaginación.

      Un placer de que la guardes en favoritos. Nos leemos.

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