Verano enfermero

El verano para mí siempre ha sido mi época del año favorita. Tópicos aparte, es una estación donde de normal he dado rienda suelta a mi lado literario y ha sido cuando más he leído, mis momentos favoritos para planificar historias (¿acaso hay algo mejor que hacer en esas horas del mediodía tan calurosas?) y, con suerte, trabajo.

Este año no va a ser menos. De momento ha arrancado fuerte, con algunas llamadas de los sitios donde he dejado mi currículum con anterioridad, una entrevista por el momento y a la espera. En cualquier momento sé que mi móvil va a sonar y me van a dar una alegría, es cuestión de tiempo. Por lo pronto ya me encuentro muy motivada con ello, nunca había empezado tan bien la temporada estival. Y eso que aún no es ni verano de forma oficial.

Trabajar también me sienta bien por otro motivo: me sirve para “oxigenarme” y despejarme de tanto estudio. Amplío miras, mi vida deja de girar en torno al EIR en exclusiva y, según el año, también me hace cambiar de ambiente dependiendo de dónde me hayan destinado. Si a la ecuación se le añade el hecho de que a una servidora la sueltan en un hospital vestida de blanco y es ya feliz pues os podéis imaginar lo bien que me sienta escuchar mi tono de llamada en estas fechas, aunque sea para una entrevista.

Esto de trabajar también me obliga a hacer malabarismos con el tiempo, cosa que agradezco. Ese punto de flexibilidad, de mover horarios, de adaptación, hacen de estos meses algo más productivo para mí, valoro más cada minuto del que dispongo. El estudio veraniego está más o menos planificado para ir avanzando sin agobios y, además, ya estoy echando ojo a un cursillo sobre úlceras por presión que pinta interesante.

Como entre estudios y cursos parece que voy a leer poco me he propuesto avanzar con mi lista de lecturas pendientes, que no es precisamente pequeña. Entre todos los títulos que quiero leer hay algunos libros enfermeros que tengo desde hace bastante tiempo y que aún no he tocado o los he empezado pero dejé de lado. He pensado en reseñarlos por aquí, hablar de ellos conforme los lea. Ya me dejaréis en los comentarios qué os parece esta idea.

De enfermería no vivo solamente y estar tan monotemática tanto tiempo no es sano para nadie también desconectaré, por supuesto. No va a ser todo estudiar, trabajar, leer sobre enfermería ni hacer cursos. Habrá espacio para disfrutar con los amigos, salir, ir a la playa, disfrutar con otros libros (excusa maravillosa para practicar la lectura en otros idiomas) y escribir, escribir mucho.

Si quisiera podría apuntarme a algún reto literario tipo CampNaNoWriMo, pero de momento mejor me quedo tal y como estoy, con mi rutina diaria de escritura y avanzando según me apetece. Ando dividiendo mis ratos de creatividad entre corregir un poemario, trabajar en la historia que he estado construyendo últimamente y de la que os hablé en la entrada anterior y a lo mejor termino añadiendo a todo esto otra posible corrección, la de un proyecto del pasado noviembre. Este último me genera muchas dudas, siento que lo mismo necesito más tiempo de distancia para poder enfrentarme en condiciones al texto. Supongo que tendría que hacerle caso a esa sensación si quiero sacarle el provecho necesario cuando le meta mano.

Haga lo que haga con mis letras, estoy segura que va a ser un verano intenso, de esos en los que el autobús o metro serán el momento de apuntar de todo en mi cuaderno. Los días de descanso, además de para adelantar estudios, serán para devorar libros. Porque los veranos enfermeros, para mí, son todo esto: turnos, horarios, estudio del EIR, sí, pero también muchas lecturas, mucha escritura y aprovechar todo el tiempo que pueda para desconectar con los amigos y recargar las pilas.

Y este año, además, preveo que será uno especialmente remarcable. Tengo esa corazonada. Espero que se cumpla.

2 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *