La mentalidad del opositor: la titánica lucha entre el verano y el estudio

Que levante la mano el que considere el verano la época ideal para estudiar. Pocos, la verdad. Según la zona en la que vivas el calor será más o menos soportable. Pero también es una época de fuertes tentaciones: salidas, cambios de horario, planes imposible de perderse, piscina y playa… Mil excusas con las que cuesta ponerse el doble de lo normal. Si a eso le añadimos un contrato de verano (el típico enfermero o cualquiera, en realidad todos valen para lo que vengo a hablar hoy) ponerse es ya casi misión imposible.

La titánica lucha entre el verano y el estudio

En otras entradas anteriores (esta introductoria y esta sobre planificación) hablé sobre el asunto de los horarios, que creo que es la clave para enfrentarse en plena época estival al estudio. Hoy me extiendo un poco sobre el tema y añado algunas cosas más, todas importantes.

  • Estudia tu cuadrante de trabajo. Tanto si vives ya en el hospital o dentro de una tienda de ropa por la de horas que pasas allí trabajando, ten a mano los horarios para organizarte. Así sabrás cuándo descansas, las horas libres que te quedan en el día, etc.
  • Los huecos muertos de trabajo son tus amigos. Viernes, tres de la mañana en la planta, todos duermen. Entre sueros y medicación no tienes nada mejor que hacer en esas horas hasta que toque la siguiente dosis o te pongas a sacar analíticas. Pasa de redes sociales y aprovecha para echar un ojo a esa parte del temario que se te resiste, hacer tests o repasar los esquemas que tengas. Quién sabe cómo será el próximo turno. Ah, y no olvides que nunca se debe decir en voz alta eso de “qué turno más tranquilo” porque entonces se te gafará seguro. Palabrita de Murphy.
  • Cambia de sitio el “opozulo” si es necesario. Una biblioteca para estar más fresco, un balcón al aire libre, tu rincón favorito de la ciudad/pueblo donde vivas para sentarte a leer el temario, la playa… Si eso te sirve para coger con más ganas el temario, hazlo. Yo, por ejemplo, paso ahora muchas más horas en el balcón de casa, se está más a gusto. Cuidado con los picotazos de los bichos, no olvides usar repelentes si estás al aire libre.
  • Las horas de menos calor son tus aliadas. Si tienes la suerte de tenerlas libre, aprovéchalas. Periodos realistas, con sus descansos (¿quién dice que no a un polo a medianoche en una noche calurosa?) para aprovecharlas lo mejor que puedas. Hasta donde llegues porque te dejen las temperaturas y el cansancio, no hace falta forzar el límite, que parece que con las altas temperaturas el cansancio se magnifica y luego cuesta más.
  • Medidas físicas. Abanico, ventilador o aire acondicionado (incluyo también ese aire “a condición” de que abras la ventana). Por cierto, no olvidéis que en cuanto el sol aprieta se cierran las ventanas y se bajan persianas para que no entre el calor del infierno en casa. Momento ideal para un chapuzón, que te lo habrás ganado de sobra. Ah, y tened en cuenta que las luces artificiales como las del flexo son una fuente de calor, si dormís en la misma habitación puede acabar siendo un horno si no ventiláis bien o tenéis algo que ayude a refrescar el ambiente.
  • Hidratación. Agua, mucha agua. Gazpacho. Zumos. Té helado. Lo que prefieras, pero ten a mano algo para beber en todo momento y no deshidratarte.
  • Siesta. Dirán lo que sea de los andaluces, entre otras cosas que si somos vagos por la siesta (a esos los pondría en plena campiña cordobesa a las tres de la tarde con cuarenta grados de nada a la sombra, a ver qué dicen entonces), pero la siesta es un invento de los dioses: descansas, desconectas, recargas pilas y, encima, pasan más rápido las horas de más calor. Si eres de los que le sientan mal esto de un sueñecito a mitad del día, siempre puedes aprovechar para tumbarte cómodo y ver una peli o una serie, leer el libro al que andas enganchado, viciar un rato o lo que se tercie. Que también toca desconectar un poco y darle una tregua al cuerpo y a la mente antes de seguir.
  • Disfruta los planes que surjan. Entiendo que no te apuntes a un bombardeo por aquello de que quieres aprovechar tu escaso tiempo libre para estudiar, pero tampoco te conviertas ahora en un monje de clausura. Un paseo diario (mañana o noche, según te venga mejor, huyendo de horas centrales del día), ese chapuzón que tanto te apetece tras la sesión de estudio, una cena con los amigos un finde… Te sentará como unas mini vacaciones, tan necesarias para no perder la motivación y seguir adelante. Que además de estudiar hay que vivir un poco. Más cuando llevas ya tiempo estudiando, o llegarás agotado al día del examen por no descansar.
  • Ejercicio. Con criterio y cabeza, para evitar los golpes de calor, pero no dejes de practicar el deporte/ejercicio que hagas de normal. Chute de energía asegurado para seguir.

Y si eres de esos afortunados que tienes vacaciones y vas a viajar, disfruta, que son dos días. Ya habrá tiempo de recuperar el temario atrasado más adelante.

Felices vacaciones a quienes las tengáis y que nos sea leve a quienes seguimos currando. Espero que, en cualquier caso, estos consejos os hayan sido útiles.

2 Comments

  1. Querida Isabel:
    Me ha motivado leer estas 3 entradas sobre oposiciones, precisamente ahora mismo que la luna me ha desvelado… Estaba pensando en el reto de estudiar en verano, porque hace una semana que perdí la fuerza tractora y había desconectado sin más. Muchas gracias!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *