Más horas que un reloj

Si no os importa, a estas alturas de agosto y con menos descansos en el cuerpo de los que serían recomendables, hoy las teclas se van a desviar un poco hacia lo personal.

Más horas que un reloj

Mañana. Mañana y tarde. Mañana. Mañana. Mañana. Descanso. Descanso. Tarde. Tarde. Tarde y noche. Descanso (saliente). Mañana y tarde. Noche. Descanso (saliente). Mañana. Descanso. Tarde. Tarde. Mañana. Descanso. Descanso.

Eso ha sido mi mes de agosto hasta el lunes (obviamente no pienso publicar el resto de mi cuadrante por seguridad). A estas alturas mis compañeras y los pacientes están hartos de verme la cara por allí y yo me he pedido ya una habitación con buenas vistas, que ya creo que me lo he ganado. Como enfermera, esto me está dando toneladas de experiencia y aprendizaje. El problema es que ya llega al punto en que me veo tan cansada que siento que la atención no puede ser la misma. Si, encima, algunos de estos turnos es infernal (hay una persona en plantilla cuya definición de “compañerismo” la tiene eliminada de su diccionario particular) apaga y vámonos. Pero intento quedarme con lo bueno, con esa experiencia y ese aprendizaje, porque de lo malo también se puede sacar algo.

Mientras tanto, cualquier deseo de avanzar en cualquier sentido (mudanza, oposiciones, estudios, otros asuntos personales…) están siendo casi imposibles de conseguir. El agotamiento junto con el estrés empiezan a asomarse por el horizonte. Demasiado que quiero abarcar. Demasiado que necesito hacer. Demasiado que no estoy disfrutando. Demasiado que me estoy mordiendo la lengua. Tengo tantos frentes abiertos que empiezo a acumularlos.

Más anotaciones por escribir y trabajo pendiente

Es por eso que, a lo mejor, me veis más desaparecida en todas partes. Publico y comparto menos y cuando me asomo aquí, en Plan de cuidados literario, intento hacerlo dando lo mejor de mí. No he olvidado vuestras respuestas a las preguntas de la encuesta que hice en mayo, las tengo todas anotadas así como algunas futuras entradas que quiero ir redactando poco a poco. Sólo espero liquidar pronto ciertos asuntos, tener un horario un poco más estable (y que no me cambien la mitad de mis turnos sobre la marcha, sería también un detallazo) para poder distribuir mejor ese tiempo.

Mientras tanto, y para no variar en mí en momentos de estrés y altibajos varios, los pocos momentos en los que me dedico a mí misma y a mis letras están siendo más que productivos, así que no hay mal que por bien no venga. No avanzo al ritmo que me marqué en un principio en julio pero la retrospectiva que estoy haciendo me está surtiendo de material de sobra.

Además, no lo quiero decir muy alto, pero parece que hay alguna idea/proyecto/reto o lo sea al final para el próximo 2018 que me está tentando de mala manera.

Más ganas para coger los apuntes de nuevo

He dicho que me iba a quedar con lo bueno, porque para quedarme con lo malo siempre hay tiempo y ya bastante tengo con no descansar del todo bien.

Lo bueno de todo esto es que me está devolviendo las ganas de sentarme a estudiar como si me pagasen por ello y de sacarme la plaza como sea para no volver a estar en esta situación de inestabilidad, de ser ese peón que colocan para tapar los huecos de la planta. Es otro tipo de combustible para ponerse a ello, no quizás el más placentero, pero sí el que tengo ahora mismo disponible. Y pienso usarlo.

Mientras, por el camino y como siempre, seguiré compartiendo por aquí lo que vaya surgiendo. Reformularé próximamente el deadline del lateral del blog para hacerlo más realista, reharé mi lista de objetivos y si este año toca perderse el NaNo por falta de material no pasa nada, hay otras prioridades. Mi presente y mi futuro son algunas de ellas, por ejemplo.

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