El modo NaNoWriMo

Como ya comenté en mi última newsletter (si aún no estás suscrito puedes hacerlo aquí), aunque intente negármelo a mí misma con argumentos racionales al final la tentación es más poderosa y sucumbo: me vuelvo a apuntar este año al NaNo.

El modo NaNoWriMo

Es llegar estas fechas y empezar a apoderarse de mí las ganas de elegir un texto en el que trabajar, la búsqueda de horas en el día para organizar todo y mirar la noche del 31 de octubre como una oportunidad perfecta para quedar en casa con mi amiga Laura Huelin, comer juntas, hornear algo casero (¿qué será este año, galletas?) y empezar a partir de las doce de la noche a teclear como locas.

Sobre qué es el NaNoWriMo no me voy a repetir, ya lo he definido en alguna entrada anterior, hoy vengo a hablar de otra cosa. El modo NaNoWriMo se podría definir, pues, como esa emoción que a partir de finales de septiembre o principios de octubre me empieza a invadir por el simple hecho de que se acerca mi evento literario favorito del año. Es esa mezcla de ganas de escribir, esas costumbres de estos días previos y el ambiente, los foros, la motivación para teclear sin parar.

Este año, a pesar de todo el lío que tengo (y de que seguramente pronto convoquen por fin las oposiciones y pongan todo mi calendario de estudio patas arriba) he decidido apuntarme al reto. Primero porque la emoción se ha apoderado de mí y me hace buscar con ganas recursos en los foros y en todas partes como para seguir motivándome y recopilando aún más ganas de escribir. Segundo, porque tengo ideas por ahí que se remontan unos cuantos años atrás (esa revisión de cuadernos que hice ha dado sus frutos) y ya va siendo hora de que coja ese fondo y le dé una forma adecuada. Tercero, porque llevo una racha bastante pesada en cuanto a obligaciones, me siento agobiada con algunas cosas y estoy escribiendo últimamente poco, por lo que quiero retomar ese placer diario con la excusa de mi mes favorito del año.

[Fuente: nanowrimo.org]

Modo NaNoWriMo: octubre

No es lo mismo la emoción contenida de octubre, que vas dedicándote a planificar en sí y a preparar el terreno, que la que te inunda el mismo 31 a las doce de la noche, cuando empieza ya oficialmente el reto y toca darle duro. Tampoco es la misma a mediados de mes, cuando empiezas a ver los flecos de tu historia y cómo todo te hace aguas aunque decides continuar hasta el final. Cada momento tiene su punto interesante y lo iré tratando a través de diversas entradas por aquí.

Aún no sé si este año será de esos de juntarnos varios en cafeterías de Valencia para escribir (que espero que sí, Adri, tenemos que vernos este noviembre tecleando) o si lo pasaré en solitario, alternando días de trabajo con maratones de escritura. No tengo ni idea. En cualquier caso ya he comenzado una serie de costumbres y rituales que nunca faltan en esta época del año:

  • Reponer la despensa de té. Soy una gran amante del té y me encanta aprovechar estos momentos en que se supone que empieza el frío (se supone, repito, que esto es Valencia) para reponer mis sabores favoritos y probar otros nuevos. Como nota curiosa, me doy cuenta que este año tengo más roiboos en el armarito del té que nunca.
  • Elección y preparación de la idea a escribir en noviembre. Es el paso más delicado e importante que me toca hacer ahora. Primero porque si escojo algo que luego se convierte a base de atascos en un callejón sin salidas me va a pillar a mitad de reto y sin poder cambiar, ya que no me daría tiempo a organizar nada. Y yo necesito tener varias cosas importantes preparadas de aquí al 1 de noviembre: la esencia de mi historia más que clara, un mínimo guión de lo que escribiré para no perderme y una playlist para motivarme.

Así que este mes de octubre es de preparación y calentamiento. Y yo estaré encantada de iros contando por aquí, conforme vaya preparando todo, cómo está siendo el proceso. No aspiro este año a crear la gran historia de mi vida. No sé si merecerá la pena lo que salga, pero necesito expulsar de mí ese conjunto de ideas que durante tantos años he ido escribiendo aquí y allá. Ojalá termine noviembre con cincuenta mil palabras y un borrador sobre el que trabajar.

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