Las posibilidades de un bloqueo

A lo mejor todo lo que tengo hoy es un puñado de inicios en el cuaderno para poder seguirlos y una vocecilla dentro de mí que dice “adelante”, pero no me dicta cómo hacerlo.

Las posibilidades de un bloqueo

A lo mejor estoy leyendo, se enciende una diminuta chispa en el ambiente (que tras años persiguiéndola ya la conoces de sobra como algo familiar) y trato de perseguirla y capturarla en alguna página en blanco, la que sea, la que tenga más a mano, pero llega el momento clave donde me siento a escribirla y desaparece. Se ha evaporado y no queda ni rastro de qué la originó. A lo mejor he perseguido la fuente eterna de los deseos, donde manan las ideas, y solo he encontrado partes inconexas que no entiendo o planos tan familiares que no sirven para nada. En esa bifurcación me perdí yo hace una eternidad y aquí sigo, dando vueltas sobre mí misma.

A lo mejor esto no va de párrafos escritos, ni de textos terminados, ni de ideas, si no de ambientes. De tener una idea interesante, sí, y de rehacerla varias veces porque no se amolda. De que otros, con los que colaboras, hablen, abran la boca y tengas que dejarla en barbecho más tiempo. De dejarla reposar una vez más y las que quedan, el tiempo se agota y sólo puedes verla, temblando como una hoja, en un rincón , y sin saber qué hacer con ella. Con el potencial que tenía. La pobre.

A lo mejor todo esto nace de un intento pobre de ordenar mi mente y estoy mirando a la pared, ni siquiera veo la pantalla. Hago eso de reflexionar con el lienzo en blanco y no pienso, solo me dejo lleva porque esta semana está siendo una pesadilla de lentitud, de improductividad, de cansancio, de días grises uno tras otro.

A lo mejor solo estoy trabajando en otras cosas más grandes, en otros artículos más interesantes,  los acumulo por docenas, sin terminar de perfilar y sin convencerme lo más mínimo su estructura. A lo mejor el servidor se cae en el momento más inoporturno, cuando ya sé qué voy a escribir de verdad, y cuando recupero el texto para publicarlo más adelante veo que no es algo que me identifique, no me sale de dentro y vuelve al limbo de los posts abandonados.

A lo mejor tendría que escribir sobre el cementerio de textos que nunca se acabaron, bien por abandono, bien porque no me representan. A lo mejor debería dedicar más tiempo a pasearme entre esas tumbas hechas de carpetas que llevan eones sin abrirse, visitar el panteón de las libretas terminadas (que suele acabar en historia pura, porque es como ver el pasado con ojos de presente, moldearlo y traerlo de nuevo al frente). Lo mismo debería ir a llevarle flores a los altares de mis pensamientos, donde descansan en paz, y visitar  a las viejas reliquias que descansan en los estantes de lo terminado y no publicado. Podría, incluso, traer a la vida  de nuevo, circula, algún texto con su conveniente capa de pulimiento tras tanto tiempo encerrado, darle un aire más actual.

Pero todo son suposiciones entre horas de estudio. A lo mejor debería aprovechar mas el tiempo estudiando, dándolo todo para esta oposición aún sin fecha, que bien es sabido que cuanta más horas paso entre apuntes más se acerca mi neurona cargada de ideas para llenar páginas y páginas con ellas. Insulsas, poco interesantes a veces, pero si lo único que ocurre es que estoy bloqueada  el cuaderno al lado ayuda. Porque entre toda la maraña de palabras que salgan algo de interés habrá. Y seguro que ese libro que tantos años llevo queriendo escribir, ese poemario que tanto tiempo llevo posponiendo su corrección y esos textos que debo entregar salen con más facilidad. Como si estar a otras cosas hiciese más valioso en tiempo que paso luego escribiendo.

Y a lo mejor son solo demasiados “a lo mejor”, demasiadas suposiciones. Habrá que seguir leyendo y habrá que seguir escribiendo. Sin más.

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