Preguntas de escritores: el síndrome del impostor

Segunda entrega de la serie Preguntas de escritores. En el capítulo de hoy hablaremos de lo que es el síndrome del impostor. Que sepáis que ha sido esta una entrada que estaba deseando escribir y he disfrutado mucho haciéndolo.

Preguntas de escritores: el síndrome del impostor

Supongamos que llevas un tiempo escribiendo, no importa realmente cuánto. Has llegado a terminar alguna cosilla por ahí, nada demasiado complicado o largo y, por fin, te decides: vas a dedicarte a escribir esa gran obra que llevas tanto tiempo pensando en hacer y sientes que lleva tanto gestándose en ti (llámese novela, poemario, epopeya, ensayo o lo que se tercie, le diremos “libro” por abreviar en general).

Tardas el tiempo que sea preciso, no entraremos tampoco en cuánto porque no es relevante, y un día lo acabas. Te sientes entonces el ser más afortunado del universo solo por el simple hecho de haberlo conseguido. Y te vienes arriba, por supuesto. Has logrado tu meta.

Pero a partir de aquí la historia se tuerce porque no hay nada perfecto en esta vida. De la mano de tu libro, ese que tanto te ha costado parir, o durante su proceso de creación (según las lecturas y lo escrito, en algunos se manifiesta en fases más tempranas que en otros), aparece la sombra del malo de la película, el antagonista más importante al que te enfrentarás de aquí en adelante: el síndrome del impostor.

Sí, existen enemigos poderosos como la hoja en blanco, los rechazos o las críticas, pero el nivel de “jefe final” que alcanza el síndrome del impostor los eclipsa a todos de calle.

El adversario a estudio: puntos fuertes del síndrome del impostor

Para empezar hay que decir que este jefe final es un ser mutante. Cambiará de forma continuamente según el punto de la carrera literaria en la que te encuentres. No tiene la misma cara, actitud y manera de machacarte cuando estás empezando que cuando llevas ya bastante tiempo.

Pero no significa que se vaya debilitando con el tiempo. No, simplemente es eso, se metamorfosea. A lo mejor al inicio de los tiempos, cuando has terminado ese primer libro, te martillea con la idea de que nadie te quiere leer y, más adelante, cuando llevas ya varios escritos, te tortura con la idea de que todo lo que escribes es mierda. Hay muchos puntos intermedios y todo tipo de ideas parásitas por medio, no todo es tan absoluto. Quizás alguna de estas ideas sean sólo que no serás capaz de superar lo que has escrito porque has llegado a tu límite, o que sientas que si tienes algún éxito (muchas lecturas, un contrato editorial… lo que sea) que no te lo mereces del todo.

Lo malo del síndrome del impostor es que no es algo absoluto y fácil de acotar, es más bien algo sutil que está ahí desde el inicio, que permanece, contamina lo que toca, te alcanza y ya no te suelta en ningún momento de tu vida creativa. Es esa permanente sensación de duda hacia lo que haces y lo que quieres hacer. Se alimenta de tus inseguridades para hacerse cada vez más y más poderoso, por eso es difícil enfrentarse a él.

Esos son sus puntos fuertes. Pueden llegar a arrasar tu autoestima creativa si te pilla en un momento de bajón con el síndrome del escritor a toda potencia tratando de arrastrarte al Lado Oscuro de la Fuerza.

El jefe final también tiene puntos débiles: las flaquezas del síndrome del impostor

Al menos hay algo seguro: por poderoso, fuerte y duro que sea no es inmortal ni invencible. Eso sí, mentalízate que esto irá a rachas, no es un continuo. Al paso que el síndrome del escritor evolucione para atraparte más y más tú evolucionarás para silenciarlo. Y luego él para volver a por ti, etc. Que esto es completamente cíclico y más vale que te vayas  preparando por adelantado para combatirlo.

Porque se puede combatir y vencer, por supuesto. Te puedes sobreponer a su fuerza arrasadora de mentes y autoestimas:

  • Lo primero y a tener más que claro: son pensamientos parásitos. Van a estar ahí intentando hacer tambalear la seguridad que tengas en ti mismo y en el momento creativo que te encuentres. No le des más poder del que tiene. A veces tú puedes ser tu peor crítico con este tipo de pensamientos continuos.
  • Es obvio que conforme más escribas, leas y avances más cutre te va a parecer todo lo anterior, pero ese proceso tiene otro nombre, es el llamado crecimiento literario y es necesario que se produzca para mejorar. No te machaques por lo que ya tengas, es el paso previo al siguiente escalón. Si quieres conseguir cada vez más calidad en tus escritos debes evolucionar a partir de ese camino, así de simple. De aquellos barros estos lodos, como dice el dicho.
  • Si hay algún punto de todo lo que esa vocecita interior te dice que se repite, échale un ojo, por si acaso. Lo mismo es un tema de autoestima, pero si es algo que puedes mejorar no dejes de intentarlo. ¿Qué pierdes por ello?

El síndrome del impostor como acompañante antagonista hasta el final

Una vez asumido todo lo anterior, que no es poco, no queda más que tratar de cuidarte mucho como escritor en todo momento para que el consabido síndrome, cuando ataque (y lo hará, tenlo más que claro), te pille con las defensas reforzadas.

Rodéate de gente con la que puedas compartir tu entusiasmo creativo, si es lo que te apetece. Créate la rutina que puedas, quieras y sepas que vas a mantener (y no te tortures demasiado si fallas con ella, siempre podrás retomarla). Mímate si así lo necesitas mientras estés creando con lo que te pida el cuerpo (música, café, ambiente… lo que sea). O no hagas caso de todo lo anterior, si crees que puede ser contraproducente para ti.

En cualquier caso, lector, no olvides que tú puedes ayudar a tu escritor favorito para afrontar mejor este síndrome y que no se sienta tan impostor en su interior. Apóyale, comparte la lectura de ese libro que tanto le ha costado crear, coméntalo con amigos y conocidos, cómpralo o adquiérelo de forma legal (bibliotecas, por ejemplo). Invítale a un café y deja que te cuente sus procesos creativos. Escúchale y léele, por supuesto. Puedes hacer más bien del que imaginas de las formas más sencillas.

Otro día debatiremos el hecho de que más mujeres, por su educación, se sientan impostoras que los hombres, pero eso daría para tesis doctoral y ya está bien por hoy.

Lo dicho, apoya a tu escritor o escritora favorita.

 

PD: Lectores de mi newsletter Palabras que cuidan, habéis recibido mail hoy. Necesito que lo abráis y actualicéis los datos, que con el cambio de la ley de protección de datos es importante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *