Ya he comentado por aquí que una de las cosas que quería hacer este año era monitorizar mi escritura y, a ser posible, planificarme un poco. La segunda parte es algo que me cuesta horrores y aún no he resuelto del todo, pero la primera parte estoy consiguiéndola sin problemas.
La verdad es que después de las primeras conclusiones a las que llegué en esto de monitorizar la escritura me di cuenta que habían cosas que no me terminaban de funcionar. Si bien sigo pensando lo mismo de las cosas que voy apuntando, el método que usaba era lo que no me terminaba de encajar. Y es que necesitaba algo más ligero y funcional.
Ahí es cuando la casualidad, viendo el estuche de mi hija que llevo en el bolso, se me iluminó la mente y tuve ante mí una solución ideal: un cuadernito pequeño, plano y fácil de llevar entre las páginas del cuaderno de escritura.

Ver el que tiene la peque para pintar fuera de casa es lo que me dio la idea. Me hizo recordar las palabras de Gabriella Literaria en su 100 días de escritura: si llevas encima un cuaderno pequeño y fácil de transportar, que sea barato, tienes más probabilidades de usarlo que si es caro y grande. Este, al ser tan ligerito y plano, se queda entre las páginas del cuaderno principal sin abultar demasiado, con lo que llevarlo encima es algo natural, una extensión.
Lo bueno es que gracias a esto estoy afinando el registro. Cada día, cuando termino de escribir, apunto rápidamente la fecha, el tiempo total y cualquier cosa interesante sobre la sesión (el tema de escritura, si he visto algo que necesite tener en cuenta para futuras sesiones de escritura, alguna referencia…). No tardo ni medio minuto en anotar todo eso. No es una tarea complicada ni tediosa.
Luego, una vez a la semana, cuando acabo de poner en orden el resto de cosas de mi agenda (el trabajo, cursos, etc.), es cuando paso todo ese registro a limpio en el inserto del calendario mensual de mi Traveler’s Notebook. Lo dejo ordenado, desbrozo de notas que ya no me sirven (porque ya las he escrito, porque ya no me interesan, etc.), apunto cada cosa en su sitio y extraigo datos. La idea, para mí, es que este cuadernito es temporal, cuando se acabe paso al siguiente.
Los domingos, que es cuando suelo teclear la newsletter, aprovecho cuando ya la acabo para hacer recapitulación de la semana: tiempo de escritura total, ver cómo van fluctuando mis energías y los temas de escritura, si estoy abusando de las notas rápidas o no, etc. Gracias a eso tomo bastante bien la temperatura de mi escritura y he podido ver, por ejemplo, que marzo ha sido un mes interesantísimo de escritura, con más de veinte horas en total y muchas páginas escritas entre unos temas y otros.
También, gracias a eso, veo cuándo tengo más problemas para escribir y trato de ponerle remedio. No se me queda la sensación de «y ahora qué pasa», lo veo claramente al tener ese registro diario.
¿Recomendaría esto a todo el mundo? No lo tengo muy claro. Para mí funciona porque adoro hacer registros, me ayudan a ordenar la mente, pero entiendo que a muchos eso de tener esto le parecería una «tarea» que añadiría presión. También tengo claro que lo que ahora me va bien, por mis circunstancias (me ayuda a centrarme un poco más en lo que hago a diario), sé que en cualquier momento se me puede volver una carga o ser insuficiente y tocaría modificarlo. Lo bueno es que como realmente voy un poco sobre la marcha cada día no es algo a lo que esté atada para siempre.
Este cuadernito tan pequeño me está sentando de lujo, la verdad. Quién lo diría, tras tantos años escribiendo, que me sería tan útil y estaría tan encantada de llevarlo encima, por la página en la que me haya quedado, a modo de marcapáginas que espera su momento estelar para que lo saque.
