Este día de la poesía es diferente. Estoy todavía emocionada: el pasado 12 de marzo puse punto y final al primer borrador de Proyecto CV.
Me noto en una suerte de resaca emocional desde que terminara el manuscrito. Llevaba unos días antes intuyendo que me acercaba a ese final, pero escribirlo, saber que lo escrito era remate final, bien que hizo que me emocionara muchísimo.
Las circunstancias del momento también ayudaron: el lugar, el momento (exactamente 68 meses después desde cierta imagen que me ha venido acompañando como fondo de pantalla), la pluma que usé para escribir ese final… Todo influyó. Y eso que no fue ni planificado ni buscado.
Queda todavía mucho trabajo por delante entre lectura y correcciones, pero me emociona y me siento muy feliz por lo conseguido. Celebrar este año el día de la poesía, después de eso, tiene un sabor especial. Más intenso. Más gustoso. Se siente como celebrar el día de algo muy importante que no me ha abandonado ni me abandona. Como celebrar una mitad de mí que significa tanto como para acabar otro libro. De los más importantes para mí.
He rememorado mucho de lo que sentí en su día, hace cuatro años, cuando acabé de escribir Catenarias, mi poemario nacido de la pandemia. Por suerte este no tiene un poso tan amargo, ni tanto dolor. Ha sido una escritura intensa, sí, pero no dolorosa. Significa mucho lo que he expresado y perseguido transmitir, lo que he ido exprimiendo en versos ahora, con la madurez que da unos pocos años más de escritura.
Sé que me queda por pulir bastante. No ha hecho más que empezar todo. Quiero dejar un tiempo reposar el texto antes de trabajarlo, para poder ver mejor los fallos y poder atajarlos. Sé que lo he hecho lo mejor posible, pero es lo que tiene un primer borrador, que todo está verde y ahora precisa que desbride esos poemas para quedarme con lo esencial y favorecer un crecimiento más sano.
Celebrar así el día de la poesía este año: con nuevo primer manuscrito, con nuevo libro entre manos, listo para ser corregido y trabajado. No se me ocurre mejor forma de celebrarlo, imposible.
«Me he vaciado de palabras
para llegar a este punto.
Ni siquiera estoy segura
de la pertenencia,
de la musicalidad,
de la vida que palpita
bajo sus trazos.
Solo sé que en ellos
confío en demasía,
solo sé que en ellos
contengo la vida
como puedo,
escurriendo entre los dedos,
filtrando al papel:
es lo único que sé hacer.
La pluma es testigo
de mis esfuerzos.»