Últimamente, cada momento que me siento a escribir, voy basculando entre dos modos de escritura que se hacen bien patentes cada vez que reviso mis notas: escritura de la urgencia y escritura de la paciencia.
Escritura de la urgencia
La de los días en que araño los minutos cuando puedo. La de los que sé que luego no tendré más huecos. La de los de escritura nocturna apurada y apresurada porque no ha habido ni medio segundo de tregua el resto del día. La que supone y se apoya en el cansancio, presente y futuro, la que no espera a una mente ideal para dedicarse a ello.
Esa, para mí, es la escritura de la urgencia: la de la supervivencia. No es cómoda ni pretende serlo. Se hace de forma rápida, como se puede y cuando se puede.
Como tal, pues bueno, ayuda a seguir y no perder el ritmo. Significa pelear por crear en todo momento. No son las condiciones ni ideales ni esperables para la escritura. Seguir supone perseguir un sueño sin cesar, a pesar de tener en contra. También significa que no hace falta que llegue el momento ideal para escribir, que lo hago igual de todos modos, pase lo que pase.
Escritura de la paciencia
La de los momentos en que se alinean los astros y tengo tiempo. La de cuando puedo dilatar la sesión más allá de los veinte minutos. La del tiempo estipulado, las ideas claras y todo a favor.
Atesoro especialmente estos momentos, los cuido y los exprimo al máximo. Es cuando suelo tomarme el tiempo de pasar a limpio lo que tenga del proyecto que esté escribiendo (Llar ahora mismo). O cuando escribo mis entradas, redacto ideas para otras nuevas o tecleo en el PC para mi newsletter.
Es ese momento en que siento que tengo todo a mi favor cuando más avanzo y más ordeno cosas, para no perderme luego entre páginas y páginas diarias. Es cuando me doy cuenta de todo lo que voy construyendo poco a poco, en esos días que pienso que no estoy avanzando y estoy estancada. Estos días me devuelven a la realidad.
La escritura de la paciencia es muy de tener tiempo y calma. La de la urgencia se diluye entre la supervivencia y la rutina diaria. Ambas se complementan y se retroalimentan. Ambas conviven en mí y tengo claro que no podría escribir igual, ni en forma ni en fondo, en esa escritura de la paciencia sin el rato diario, sin la escritura de la urgencia, que es la que me salva.
No son negativas ni positivas. Tan solo son dos formas de entender la creatividad y vivirla a mi modo.
