Escribe, que algo se intuye. Algo tiembla en los párpados, los dedos aletean. Pero todo se ve difuso aún. Queda el ensayo y el error para encontrar camino.
Escribe, que algo queda. Entre los miles de intentos alguno pervivirá. Alguno de esos amaneceres que has pasado soñando despierta con esa imagen en concreta servirá. Algunos de esos campos que han recorrido tu vista, adivinando qué había plantado en ese momento, saldrá adelante. Algunas de esas fachadas, de esos paseos, servirán de inspiración, estás segura.
Escribe, que algo perdura. ¿Te acuerdas de ese libro que hace tanto que no lees y que ahora de pronto te vino? Quizás va siendo hora de volver a él y trazar una nueva genealogía, un nuevo camino. Que sea el primero que luego lleve a otro, y luego a otro. El orden natural de las lecturas, el sentido obvio de lo creativo. Que cada página se hunda dentro de ti y perviva con el paso de los días y los meses hasta que surja, en una nueva hoja en blanco, dispuesta a saludarte como si fuera nueva. Y lo será, solo que vendrá alimentada y nutrida por todo lo anterior.
Escribe, que algo se fija. Lo cuerdo vuelve a su cauce, lo extraviado retorna a su lugar. No lo hará como el primer día, pero sí de una manera que solo tiene sentido a tus ojos. Y ese único sentido es el que luego plasmarás en próximas palabras, las que reescribirás, las que serán tan tuyas y te acompañarán adonde quiera que vayas, escribas o no. Porque el poder que tiene la idea es que no se apaga, no te abandona, te persigue y quiere que le prestes atención. Que no la sueltes. Que seas solo para ella, que te conviertas en esclava de su foco y su trazado.
Escribe, que algo cobra sentido. Y cuando ocurre, ah cuando ocurre… Pareciera como si todo lo anterior hubiese sido un mero ensayo, un intento frustrado tras otro, y solo entonces todo encaja. Y lo hace como si no hubiera más maneras de hacerlo que esa. Semeja magia, ¿cómo no pensarlo? ¿Cómo no imaginar un flechazo instantáneo, un rayo divino, si hasta la fecha no había nada y de pronto tienes todo al alcance de la pluma? ¿Cómo no sentirse en otra dimensión, en otro plano? Vivir ese momento hace que todo lo demás merezca la pena.
Tú solo escribe, una palabra tras otra. Todo al final cuenta.
