Cuaderno número doce

Cuaderno número doce

Hay cierto momento, cuando se acaba un cuaderno, que el próximo espera impaciente su relevo. Y ya está decidido cuál será en concreto. Y deseo poner en orden el resto.

Diario de a bordo

Este es el undécimo cuaderno que llevo conmigo a todas partes y relleno sin parar desde aquel lejano 2009 en el que tuve una idea y esperaba escribir una historia con ella.

Es 2019, estoy a setecientos kilómetros, vuelvo a mirar Málaga de lejos y ansío saber más para seguir escribiendo la misma historia que no me deja. O quizás una parecida. Una hermana.

He descubierto que no sé nada. Que quiero saber, investigar. Escribir sobre lo que me apetece sin pensar demasiado en cómo me boicoteará esta vez el impostor que llevo dentro. Si la idea irá como la original, al cajón sin fondo.

He intentado ya tantos puntos de partida para acercarme a la idea que al final no sé cómo enfrentarme a ella. Regreso al original, siempre lo acabo haciendo, y cuando eso ocurre ha pasado el tiempo, todo ha madurado y nada de lo que tengo me sirve. No es dar vueltas sobre el mismo punto. Es una espiral, cada vuelta se apoya sobre la anterior para progresar.

Son ya quince años escribiendo de forma cada vez más continuada y seria. Diez completando cuadernos donde cada cierto periodo de tiempo han ido surgiendo diversas ideas, se han ido mezclando entre ellas, han ido creciendo y otras muriendo. Noto más este paso del tiempo y las diversas evoluciones que tienen mis proyectos con cada cambio de cuaderno. Como si terminase una etapa cuando en realidad solo cambia el formato físico, la actividad y contenidos seguirán siendo parecidos.

Por ahí seguirá creciendo, en una vuelta más, mi idea de ahora. Málaga palpita cada vez más fuerte, aunque cada día siga dudando sobre si escribir esta historia o dejarla. Si será al final en sí una historia o no. Si después de todo acabará siendo solo un proyecto más, cajón desastre de reflexiones, un rincón cómodo al que volver cuando todo lo demás falle pero nunca llegue más allá.

Mi cuaderno de a bordo, el presente y los futuros, seguirán conteniendo todas estas dudas mientras en la pantalla de Scrivener parpadea el cursor, esperando a que me decida y arranque. Paciente.

Aunque más, siempre más, el papel.

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