Una tradición de este blog, mi Plan de cuidados literario, desde siempre es celebrar el día de la poesía como se merece. A lo largo de estos últimos nueve años he ido escribiendo una entrega diferente para celebrarlo y este año, en la décima entrega, no iba a ser menos.
Día de la poesía en años anteriores
Diez años de tradición, que se dice pronto. Todo empezó en 2017 con una primera entrega hablando de algunas opciones para celebrar el día de la poesía y un poema. Algo sencillo, incluyendo una lista de libros, y un poema que leo ahora y me sorprendo de la fuerza que tiene todavía.
En 2018 decidí hablar de mi búsqueda del poema. Estaba en pleno momento de sequía creativa, intentando encontrar inspiración donde fuese, y lo reflejo en el texto de esa entrada. Acompaño todo con un poema, algo más experimental que el año anterior.
En 2019 fue una entrada más personal, hablando de proyectos literarios (que siguen reposando en un cajón, por cierto) y cerrando la entrada con otro poema, esta vez dedicado a la enfermería.
En 2020 pilló este día en pleno encierro de la pandemia. Aún estábamos empezando con ella, pero esa entrada… Esa entrada es dura. Es el poema pandémico por excelencia y el que hizo que me lanzara a escribir Catenarias. El texto que acompaña la entrada me sigue poniendo los pelos de punta como cuando escribí dicha entrada o el libro.
En 2021 hablé de huidas, de poemarios en el cajón y del fin que había puesto en enero al manuscrito de Catenarias (entonces lo llamaba por aquí Nostalgia). Todavía seguía latiendo esa herida de la pandemia que había plasmado en poemas y se notaba.
En 2022 decidí empezar la entrada con unos versos sueltos, a modo de prólogo. Fue una entrada mucho menos depresiva que la de los dos años anteriores, pero aún así hablaba de contención, hablaba de los problemas que tuve en su día con los derechos de Catenarias y hablaba de rehacerme y levantarme. Todo en un formato diferente a años anteriores: no tenía un poema completo como protagonista.
En 2023 había cambiado el enfoque a algo más luminoso. Hablaba de urdimbres, de tejer con las palabras, de ser poeta que registra. El poema de este año me gusta especialmente.
En 2024 la protagonista absoluta, tanto de mi vida en general como de ese día tan especial en particular, fue mi hija recién nacida hacía poquito. A ella le dediqué la entrada de ese año con un poema especialmente inspirado por su presencia en mis brazos.
En 2025, el año pasado, me pilló en plena resaca emocional tras haberle puesto punto y final a Proyecto CV. El libro más especial que he escrito, el libro que más tiempo me ha llevado incubar para sacarlo de dentro. Qué ganas tengo de poder compartir alguna buena noticia, ojalá tenga respuestas a mis envíos editoriales.
Día de la poesía 2026
Este año es otro año especial. Es el año en que celebro el décimo aniversario de este espacio de escritura (¡en mayo!) y es la décima entrada de esta serie dedicada al día de la poesía.
Celebro la poesía en mi día a día, intentando seguir persiguiendo esa belleza esquiva a punto de perderse en lo cotidiano. Rascando minutos de donde no hay para tratar de poner palabras al paisaje y a la vida. Leyendo, buscándome en palabras ajenas para poder así nutrir parte del torrente que luego me nace.
Cómo no celebrar el día de la poesía, cómo no reivindicar ese género que parece olvidado por todos y relegado a las estanterías más perdidas de las librerías. Me siento cómoda escribiendo poesía y es por eso por lo que comparto el poema de este año:
Que el poema sea narración
y atesorar por escrito
lo intangible.
Que el poema sea palabra,
carcasa que deje
entrever el interior,
selva poblada.
Que el poema sea condensación
de algo que todavía no es
o que aún no ha sido,
de lo imaginado
y lo posible,
de la probabilidad
y lo certero.
Que el poema sea fruto
o fuente,
camino transitado,
el polvoriento
y el inexplorado,
todas las posibilidades,
el enigma,
un sendero hacia la noche,
el misterio
y el llanto,
un atajo directo
al mundo
en la palma de la mano,
en un puñado de versos.
