Me apetecía empezar el año haciendo una pequeña serie de entradas sobre la inspiración. ¿Por qué la inspiración? Porque digamos que es la base sobre la que construir el resto de la escritura y la excusa más recurrente para sentarse a escribir o no, así que me pareció un buen punto de partida para tratar el tema de la escritura diaria.
Y es que esto de la inspiración para mí no es un fogonazo ni algo casual. Tal y como la vivo, tal y como la siento, es como una melodía de fondo, algo que está ahí continuamente sonando, a un volumen más alto o más bajo. Puede que esté prestando atención o que esté a otras cosas, pero no deja de sonar. Intentar usar a mi favor ese flujo de «sonido ambiental» para invocarlo justo cuando más lo necesito es una de esas cosas que intento hacer a diario, subir el volumen a mi antojo para traer esa melodía al papel.
Fuentes de inspiración: crear atmósfera
Sinceramente, es de esas cosas que no le presto demasiada atención. Digamos que es un pequeño añadido, no lo más imprescindible para mí. Esos pequeños detallitos a veces ayudan a que no me disperse y reconozco que hacer de mi despacho un lugar un poquito más agradable da gusto. Aún así no es el único lugar en el que escribo y donde me concentro, por lo que no me siento atada a un sitio en exclusiva ni a ningún ritual.
En mi despacho la «señal» que uso ahora mismo para crear atmósfera suele ser ponerme los auriculares con algo de música y encender una vela. En otras épocas de mi vida ha sido encender incienso, ponerme cierta playlist concreta o moverme a otro sitio. Igualmente, solo uso esto cuando necesito un extra de concentración porque me encuentro dispersa o lo que sea, el resto del tiempo paso.
De lo que se trata al final del día es crear un ambiente cómodo y que den ganas, que permita la concentración. Todo lo demás, incluyendo los intentos de emular lo que se ve en redes, no sirve de nada si al final se está cómoda. Y, por supuesto, todo va cambiando con la vida. Lo que ahora sirve puede que en un tiempo no y viceversa.
Fuentes de inspiración: rutina
En realidad esta es mi principal fuente de inspiración diaria, por raro que suene. Después de tantos años saltando de turno en turno según la semana tener una estabilidad me ayuda a tener horarios fijos para sentarme y ordenar la cabeza. Por eso ahora puedo permitirme planificar y monitorizar.
Mis mañanas antes de trabajar son sagradas. Más allá de rituales o ambientes, lo que importa es la costumbre: misma hora, mismos pasos, el cuaderno delante y una pluma. Puede que no tenga nada en mente, puede que no se me ocurra nada. Pero le hecho de sentarme una mañana tras otra a hacerlo me hace que arranque de una manera u otra y salga así adelante la escritura.
Con un horario fijo no tengo excusas para no escribir cuando toca. Ni siquiera la típica de a ver qué escribo, es lo que hay y lo que toca, así que arranco por donde sea (lo último que esté leyendo, algún pensamiento recurrente, alguna imagen…) y a partir de ahí voy enlazando ideas. Las páginas resultantes están luego cargadas de cosas interesantes que me vienen muy bien para alimentar de forma lateral mi poesía. Y es que para crear necesito pensar en papel y eso hago.
Fuentes de inspiración: rituales
El café y el desayuno antes de escribir. Una tetera a mi lado en mis mañanas libres. Pequeñas cositas que me hacen aterrizar y acercarme a la página en blanco. Todo lo que ayude es bienvenido.
Para mí es como un pie que da lugar al resto. Reconozco que soy más de rituales que de ambientes, pero si algún día no puedo hacer ese ritual no se acaba el mundo ni dejo de escribir.
Invocar la inspiración en la rutina
Otro tipo de tareas repetitivas, como cocinar o fregar los platos, también me ayudan a trabajar la mente al dejarla ir libre mientras estoy a otras cosas. De camino a los domicilios de mis pacientes también voy observando todo a mi alrededor y tomando notas mentales para luego ir hilando cosas. Aprovecho todo lo que está a mi alcance en mi día a día para luego, en esas mañanas creativas, irlas enlazando y dándoles sentido.
Esas cosas sirven para hacer volar la imaginación, conectar ideas y que cuando me toque escribir todo se hile mejor. Dejar oxígeno y que la mente vague libre es tan importante como sentarse luego a plasmarlo y pocas veces se le da la importancia que merece.
No porque el día a día sea algo estable quiere decir que la inspiración esté muerta. No hace falta algo especial ni emocionante a diario para crear. Construyo mi día a día creativo a partir de un ancla segura, algo que me ha faltado durante años de turnos moviéndose de un lado a otro, y a partir de ahí creo.
Pero no son estas las únicas fuentes de inspiración que utilizo. Del resto ya hablaremos en próximas entregas.

Me parece muy interesante. Yo soy de ritual y rutina más que de ambiente también, sí. El ambiente es un detalle adicional. Pero, lo importante, es escribir. De eso va todo esto. ¡Y cómo ayuda también tener siempre el cuaderno y la pluma a mano! Me encanta eso. Llevo años haciéndolo gracias a ti. A ver si se me pega también tu rutina y me pongo a escribir siempre a la misma hora.
Deseando estoy las próximas entregas. ¡Qué buen tema!
Un abrazo.