Informes post-guardias (2)

Informes post-guardias (2)

No hay nada como una buena compañera para tener una buena guardia.

Tengo una compañera que vale oro. Desde hace once meses que aterricé en el servicio en el que de momento estoy no hemos dejado de compenetrarnos. Nos entendemos perfectamente y sabemos contar la una con la otra. No puedo estar más agradecida de que seamos vecinas de consulta y compartamos puntos de vistas, experiencias y momentos.

Al punto incluso de leerme. Esto de que escribo no es algo que comparta con todo el mundo. Mi página es pública, lo sé, pero curiosamente comparto oxígeno con mucha gente alrededor que no sabe de su existencia. Ella sí lo sabe. Ella tiene ese primer libro donde han salido mis letras en papel, blanco sobre negro. Me ha leído y tiene dedicado su ejemplar como los cánones mandan (y como ella bien me ha insistido).

Mi compañera y yo nos apoyamos siempre, en esos momentos duros del día a día, como las buenas “pringadas del reino” que somos. Y entre charla y charla, desahogo y risas, que de todo hay en tantas horas que pasamos juntas, está también el aliento que me manda. Cuando estudiaba valenciano para el Elemental (B1) ella estaba convencidísima de que lo sacaría y no dudaba ni un segundo en ello.

Ahora no para de decirme que este es mi momento, que lo conseguiré como lo hizo ella con mi edad, que es ahora. Y en los momentos de bajón junto al calendario de estudio, tan saturado él de anotaciones para ser primeros de año y todavía mediados de enero, me digo que por qué no. Recuerdo su aliento también de forma más física, con el cuarzo lupa que tengo en la mesa de mi “rincón-despacho”, junto al portátil, regalo suyo del día de la comida de Navidad. Para que no se me olvide su fuerza.

Van estas líneas por ella. Porque me lee. Porque no sé cuánto tiempo seguiremos compartiendo en consulta, dadas las circunstancias, pero sé que no perderé contacto con ella nunca. Gracias por todo.

*Informes post-guardias es una sección donde recortes de pensamientos sanitarios, no sanitarios y personales se entrecruzan, fáciles de leer y digerir.

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