Desayuno las tostadas leyendo en Substack. Es mi momento de la mañana de sentarme e inspirarme, de aprender con otros. Devoro el pan y devoro los artículos. Y entonces, cuando el plato queda vacío, lo aparto, reservo el café para este momento. Abro Forest, configuro el tiempo y aprieto el botón que me bloquea tentaciones.
Hora de empezar a escribir.
Lleva siendo esta mi rutina desde hace años, muchos años. Si bien antes, cuando iba a turnos, solo se aplicaba lo del madrugón en los días que trabajaba (los que no iban modificando y a veces inspirando), ahora que es lo habitual no me canso de este momento, de este dedicarme a estas horas a esto. Y podría.
Cuando existe miedo a la página en blanco lanzarse a ella cuesta. Más si se hace sin planificación, sin ruta y a lo que salga. Expuesta del todo a todo. Me lanzo de cabeza a esta página cada mañana y lo hago sin ningún comienzo en mente. Ya se me irá ocurriendo sobre la macha, igual que el resto. A veces necesito el primer trago de café para que una frase brille ante mis ojos y sienta que por fin tengo un arranque, una excusa para la escritura. Otras veces escojo lo primero que veo como punto de apoyo, incluso si eso implica empezar el texto con un «hoy me siento», «hoy estoy» o similares.
Lo que importa es arrancar y siempre se puede usar el punto y aparte para seguir con otra idea diferente.
A estas alturas, con tantos años detrás de escritura, sentarme un lunes cualquiera a arrancar la semana y la escritura en una página en blanco se asemeja a continuar un texto largo, muy largo, un hilo de pensamientos que se extiende a lo largo de treinta y cinco cuadernos. Solo estoy siguiendo un punto y aparte, el mismo que puse ayer en la página anterior. Solo estoy retomando mi mente donde la dejé, añadiendo espacio mental a lo que haya pasado o visto o leído en las últimas horas. Solo estoy retomando la pluma y empuñándola un día más para encontrarme por escrito y decirme: «¿te acuerdas de lo que leíste ayer, lo que te inspiró? Ahí tienes las respuestas que tanto buscabas.»
Y yo, desde mi sitio en el salón a primera hora de la mañana no puedo más que agradecer esa iluminación a estas horas.
