Con c de comienzos

Con c de comienzos

Tengo una imagen grabada en la mente. Y he tratado de capturarla.

Hasta ahora se ha deslizado, esquiva, como tantas otras ideas que han asaltado mi mente. Ha estado ahí, ha aparecido, ha querido quedarse. Ha paseado por mi cuaderno para posarse levemente y, luego, desaparecer. Ha vuelto a mi vida más tarde, paseando entre tareas cotidianas, dispuesta a ser capturada. Pero lo que la acompaña, el conjunto de ideas latentes que están ahí, que se manifiestan a ratos y que no termino de concretar, se desvanecen.

Visito al teclado y a la hoja en blanco con toda la premura que es posible, incluso entre fogones. En balde abro de nuevo Scrivener después de meses sin hacerlo: todo desaparece en cuanto lo hago, se diluye en el mar de teclas o de líneas del cuaderno y ahí se queda, la sensación de que tengo cosas que contar y que escribir, que he encontrado un hilo conductor y que no sé por qué no consigo capturar y captar el remolino que me habita.

Tengo una imagen en mente. Me vuelve a perseguir. Lleva ya dos días conmigo. Me ha hecho plantearme que pasee las plumas más a menudo conmigo porque así pudiera escribir cuanto antes, como si se fuese a olvidar, esto que se agita por dentro como un fantasma sin forma definida.

Supongo que lo único que persigo es la paz mental. Las palabras, mientras, se escriben sin que yo lo haga. Las frases van apareciendo y desapareciendo en mi mente. Se escriben solas para olvidarlas en cuanto me acerco al teclado. Me siento en ese punto del inicio que todo es nuevo, un vértigo me sacude cuando trato de asomarme a lo poco que tengo y vislumbro que lo que empezó siendo la vieja sensación de que hay un proyecto pujando por hacerse hueco va creciendo poco a poco. A pesar de que no le dedico tiempo, a pesar de lo poco que escribo, de lo muy ocupada que he estado a otras cosas. Y mi paz mental, ahora mismo, en este momento, sería conseguir por fin poner palabras reales, blanco sobre negro, al conjunto difuso de imágenes e ideas que me visitan.

Tengo una imagen grabada en la mente. La última vez que me ocurrió eso me persiguió a lo largo de diez años e innumerables intentos para escribir la historia que sé que hay detrás de ella. Su fuerza aún hoy me sigue persiguiendo y es algo que tengo muy presente a la hora de sentarme a escribir con el cuaderno. Tanto que sé que ha sido una influencia positiva en mi vida literaria. Tanto que sé que algún día seré capaz de poner por escrito todo lo que supone para mí. Tiempo al tiempo.

Tengo una imagen grabada en la mente. Ahora está por ver puedo seguir nombrando a esto como Proyecto Nostalgia u olvidarme, olvidarlo, condenarlo al fondo del cajón porque no ha sido más que eso, una imagen grabada en la mente.

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