Con a de aceleración

Con a de aceleración

Estos treinta días de proyecto han sido una locura creativa maravillosa que hoy, precisamente, termina.

Y en cierto momento se aceleró el proceso. Se convirtió en una carrera, en algo rápido que hasta entonces no había contemplado. Pasó de ser un crecimiento pausado, calmado, tranquilo, a verse incrementado exponencialmente en unos diez días. Como si fuese el proceso a seguir para salir al exterior, romper la tierra y asomar sus primeras hojas. Como si así fuese posible la fotosíntesis y posterior desarrollo más despacio, con tiempo de sobra.

Y en cierto momento convivieron la aceleración, los contadores de palabras relacionados y ajenos, con la calma de que esto irá saliendo poco a poco, despacio. Que aunque contemple una meta y otras más en el horizonte, el ritmo lo irán marcando las imágenes, las palabras, los golpes de nostalgia mezclándolo todo.

Obviamente, influirá el hábito diario de enfrentarse a los pensamientos, cuestionarlos y plasmarlos por escrito.

A partir de cierto momento las cuestiones cambiaron de rumbo y los focos se desviaron un poco. Mientras, continúa existiendo la posibilidad de cerrar el documento y empezar otro nuevo, tratar de escribir otra cosa, tratar de crear algo diferente. Pero lo que surge por los poros cuando todo es oscuro, el paisaje por la ventanilla del autobús es borroso y se confunden unos paisajes borrosos con otros es la distancia, es la nostalgia, es el dolor y la rabia. Todo mezclado, todo revuelto.

No sé escribir ahora mismo si no es mezclando todo eso en una suerte de cóctel que ahora mismo no sé separar y tampoco sé si me sería beneficioso hacerlo.

En esta aceleración particular que vivo concluyo que, además de pasarme un mes divagando, mezclando conceptos y revisando papeles antiguos, he estado treinta días reconectando conmigo misma. Todo para llegar a la conclusión de que en todo esto que he escrito hay un libro que sigue creciendo, que ha crecido más de lo que jamás habría supuesto. Y que va a ser un árbol frondoso bajo el que cobijarme cuando todo haya pasado. Para que no se olvide.

Total escrito este mes de noviembre: 51182 palabras.

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