Hay noches en que el vértigo se apodera del teclado y hace que escribir se complique. Que cada intento de inicio, que cada palabra puesta una tras otra parezca un error encadenado. Que tras analizar la semana, en busca de hilos sueltos de los que tirar y los ya atados, te das cuenta de lo intenso de todo y lo complicado, tan complicado, de atar algunas cosas al papel. Cómo se resisten a ser transcritas.
Hay noches que acercarse a la página en blanco implica más, mucho más, que un mero tecleo. Cuestiono todo lo que tengo al alcance, se me antoja casi imposible que las cuatro cosas que a la vez laten salgan. Y sé que es todo sugestión, que podría hacer más. Siempre se puede hacer más. ¿Es posible hoy? No lo sé aún.
Voy completando, como si fuese una lista, algunos puntos que tengo en mente. Planificar hace que no me pierda a pesar de que la vida a veces se retuerce de una manera que sentarse un domingo a sacar algo en claro parece casi inviable. Siento que tengo cosas en la recámara que no salen y otras que ya he escrito. Ah, y cómo se notan esas que ya han sido escritas. Algunas parecían premonitorias, otras solo se han manifestado para contar algo más grande y fuerte que yo, algo que me define a muchos niveles.
Hay noches en que miro la agenda, miro lo que tenía pendiente, y decido que eso no toca ahora. Que lo que toca que permee es algo más fuerte, un impulso que me hace posponer algo que tenía en mente para dejar salir otras cosas. Porque la duda alimenta estas manos hoy y sacar adelante otros temas requieren una energía que ahora no tengo. Y en noches así es más complicado teclear, se convierte todo en una tarea cuesta arriba con todo en contra.
Hoy es una de esas noches en que escribir se transforma en elaborar algo que no sé si tiene demasiado sentido, pero lo siento a flor de piel y lo palpo tan dentro como algo muy propio que me está quemando. Las palabras tal vez se resistan y el resultado pueda parecer poca cosa, como si no dijese nada en realidad, pero sacarlo, sea como sea, era lo que importaba para que mañana por la mañana, en la próxima sesión de escritura que haga, pueda seguir adelante con mis ideas. A veces es necesario sacarse de dentro lo que enturbia la mirada y esta noche el vértigo se asoma al borde de las teclas, decidido a tragarse todo por delante.
