Última entrega de esta serie de entradas sobre la inspiración, a modo de colofón.
Si en las dos anteriores hablé primero de fuentes como el ambiente, la rutina o los rituales y en la segunda sobre libros, música e internet hoy toca ampliar un poquito más con algunas fuentes más importantes para mi inspiración.
Fuentes de inspiración: exposiciones y visitas a museos
No voy muy a menudo, pero al menos una vez al año voy a alguna exposición (además de la del Ninot, claro) o a algún museo. Trato de estar pendiente de lo que hay por Valencia para ir planificando las visitas, también un poco cuando se puede con la peque.
Siempre sienta bien ver arte, siempre amplía horizontes e inspira. El museo de Bellas Artes de Valencia o el CCCC, por ejemplo, son dos sitios que he visitado mil veces tanto sola como en compañía y adonde he llevado gente de fuera siempre que han venido a verme. Me encantan y tienen algo que me activa la creatividad de forma muy especial. La Fundación Bancaja tampoco se queda atrás, trae cosas muy interesantes.
Si encima las visitas las hago con mi querida Sharping Sis seguro que en la charla posterior acabamos hablando de lo divino, lo humano y acabo con mil ideas nuevas dando vueltas por la cabeza. Tenemos pendiente, por cierto, ir pronto a una expo que vi anunciada hace poco y que nos llama a las dos.
Fuentes de inspiracion: caminatas
Este apartado es para mí el que tiene más peso en el día a día. Y distingo claramente varios tipos de caminatas con las que pensar, dejarme llevar e inspirarme:
Caminatas por la naturaleza
Tengo suerte, vivo en una ciudad en la que ver huertas dentro del núcleo urbano no es extraño. Un simple paseo por la trasera de la Universidad Politécnica y estoy rodeada de huertas. Desde el barrio de Benimaclet andando se puede ir a Alboraya (es cruzar una rotonda) y hay caminos para andar por ahí. Por la zona de Burjassot también hay huertas y se puede ir andando hasta Moncada dando un buen paseo. Un autobús, viaje a Vinalesa y a bajar el cauce del Carraixet hasta la desembocadura por los caminos de los laterales. O metro a cualquier pueblo cercano y a caminar hasta volver a Valencia, o visitar esos pueblos… Hay muchísimas posibilidades.
No necesito irme demasiado lejos para estar cerca de la naturaleza, en versión huerta.
Caminatas urbanas
También soy una enamorada de la arquitectura de esta zona así que pasear por la ciudad o los pueblos de alrededor es algo que me encanta. Los diversos barrios de Valencia, ir descubriendo poco a poco sus calles y casas más bonitas, hacer fotos… Digamos que conozco mejor la ciudad que Marido, que es de aquí, pero esto ya me pasaba en Málaga (y echo de menos hacerlo allí).
A veces voy sin rumbo, hacia donde el azar me quiera llevar, y otras voy con la ruta planificada. Eso de pensar previamente por dónde iré, qué quiero ver, qué busco exactamente, por dónde pasar, me lleva bastante tiempo y aumenta mucho el placer posterior de la caminata. Voy trazando con los pies algo con sentido, algo que quiero luego reproducir en lo escrito.
Disfruto mucho caminando y aunque ahora lo haga menos siempre que lo hago vuelvo cargada de inspiración para días.
Y con esto pongo fin a esta serie sobre la inspiración. Creo que no me dejo nada de lo que más me ayuda a tener la creatividad flotando en la punta de los dedos, dispuesta a volcarse en cuanto la llame. Y es que no hay nada mejor para alimentar a esa música que suena de fondo que darle buen material para que siga sonando. Y que lo siga haciendo y yo pueda seguir transcribiéndolo, claro.
