Si en la entrega anterior de esta serie hablaba sobre cómo hago para componer poemas, hoy toca hablar de los siguientes pasos.
Correcciones de poesía
Ah, corregir. El típico paso que a muchos escritores se le atasca y les hace sentir mal por lo que supone enfrentarse a un texto imperfecto. Para mí es uno de esos momentos buenos, pues permite tomarle la temperatura al proyecto completo y ver si funciona.
- Me espero a tener el borrador completo para corregir. Hasta que no lo tengo no me enfrento al texto y me da igual lo que haya. Siento que si no estoy eliminando posibles significados futuros o me estoy perdiendo algo importante porque aún me falta algo. Mientras tanto, voy acumulando cosas, me voy dejando notas conforme voy viendo que se me ocurren ideas para la futura estructura, etc.
- Una vez tengo el borrador completo, lo primero que hago es compilar en Scrivener e imprimirlo. Solo cuando lo tengo en papel soy capaz de empezar la corrección. Y siempre dejando unos días por medio desde que acabo esa escritura final hasta que empiezo esa lectura inicial para tomar distancia con los poemas.
- Empiezo haciendo una primera lectura preliminar conjunta, sin detenerme en nada, solo por ver si el conjunto funciona o no. Esto ya me sirve para tomar la temperatura, ver si tocará hacer muchas correcciones, posibles divisiones en parte, etc.
- Para corregir necesito tomar notas en los márgenes, subrayar, usar colores, etc. Todo en papel. Las notas pueden ir desde erratas, puntuación o versos reescritos hasta partes que quiero eliminar, cosas a insertar, notas sobre edición (si irá más adelante o atrás en el futuro libro, si corto a partir de ese punto o sigo con otro poema más), etc. Cada vuelta, un color. Y puedo llegar a dar muchas vueltas a un mismo poemario.
- Una vez que en un par de lecturas o tres ya he revisado versos a cambiar o reescribir, estructura y demás, tocará mover de sitio todo y desde el propio PC, con Scrivener abierto, ir leyendo a ver si los cambios tienen coherencia. Es posible que toque hacer más de una vuelta y más de dos más, alguna de ellas con mi cuaderno abierto y tomando notas sobre por qué ese poema va ahí y no va otro.
- Al final, con una lectura conjunta de todo y viendo que al final encajan las piezas que tenía en mente es cuando doy por finalizada la corrección.
Puede ser todo un proceso lento y quizás tedioso a ojos ajenos, pero funciono así.
Ya a partir de este punto lo que quedaría sería crear el documento definitivo del poemario, maquetarlo aunque sea de forma sencilla y empezar a plantearme senderos editoriales donde pudiera encajar el texto. Y de ahí vendría la aventura editorial, que daría para mucho, pero me siento tan inexperta que no me atrevo a escribirlo.
En este último punto me encuentro, esperando oportunidad y tratando de mover mi último texto, Proyecto CV. A ver si esta vez tengo suerte.
