Vuelta a la rutina

Vuelta a la rutina

Esta entrada bien podría haberse llamado «vuelta al cole», «vuelta al blog», «vuelta a la web» o «vuelta a las andadas». También podría titularla, por supuesto, «nuevo intento de llevar todo adelante» que, como bien dije en un tuit, este 2019 me está pasando por lo alto como un camión.

Por qué 2019 me está dejando hecha polvo

Por motivos de confidencialidad no puedo contar todo lo que llevo viendo y viviendo en el trabajo desde enero. Al respecto solo puedo decir que he tragado una cantidad de mierda increíble, por encima de mis posibilidades y de las de cualquiera. Que cuando a algún compañero le ha tocado estar en mi lugar y hacer una mínima parte de lo que yo hago se sorprende y no sabe cómo puedo soportarlo. Que he llegado a estar en varios sitios a la vez cubriendo a varias personas. Que más de una vez y más de dos he estado al mismo tiempo en planta y en consulta, corriendo como las locas para llegar a todo. Que me he tragado la rabia en más de una ocasión y en más de otra he deseado en voz alta un dragón («dracarys»).

Y por supuesto que mi supervisora lo sabe, también dirección, pero no pueden hacer nada por el motivo que ha generado todo esto, solo ración de ajo y agua para todos y que el último mono (servidora) haga todo lo que pueda. Y por supuesto que aquí hay una que está hasta las mismísimas narices y que, en cuanto pueda, va a huir haciendo la croqueta y sin mirar atrás. Eso lo sabe hasta mi perro en Málaga.

[Hasta Cobi lo sabe, es así.]

Repito: no os estoy contando nada en realidad, solo mi cansancio, que es harto conocido por todos en mi unidad y fuera de ella. Los motivos reales, que no tienen que ver conmigo pero nos salpican a mí y a mi compañera especialmente, no puedo decirlos por confidencialidad.

Sequía lectora y escritora

¿Quién, después de semejante machaque, tendría fuerzas para nada? Que tengo la capacidad de concentración de un folio en blanco no es novedad, llevo hablando de parones, pausas creativas y demás desde inicios de año prácticamente.

No es algo total, voy un poco a rachas. Unos días consigo escribir un rato, motivarme, sacar una entrada o escribir en el cuaderno como en los viejos tiempos, como siempre lo he hecho. Pero la mayoría de las veces no consigo hacer gran cosa. De dedicarme a hacer lo que quería hacer este verano (corregir el borrador del NaNo del año pasado, planificar el próximo NaNo), casi nada, algunos vistazos ocasionales, nada profundo. Un desastre.

[Al menos los escasos ratos creativos de este verano han dado alguna idea.]

Y con los libros tres cuartos de lo mismo. Apenas si me ha enganchado algún libro estas vacaciones. No ha sido hasta que ha llegado el 31 de julio y la tradicional relectura de Harry Potter de mi amiga Laura que he conseguido leer más seguido algo. Con la ilusión que me hace ver la pila de pendientes que tengo, con lo que me gusta leer y qué poca atención consigo dedicarle a los libros últimamente.

Lo único bueno, eso, la relectura de Harry Potter (que llevaba posponiendo unos años) y un par de ideas literarias que he tenido en esos vistazos ocasionales al borrador del NaNo y que, espero, lleguen a crecer y ser algo más que unas notas sueltas en el cuaderno.

La parte positiva del verano

No todo va a ser negativo en esta entrada, lo aseguro. Han ocurrido cosas buenas en este verano que, al menos, han enmendado un poco este 2019.

Lo primero han sido los viajes: Málaga para recargar las pilas, Granada para volver a enamorarme un poco de ella (y que Sr. Marido la conociese, que iba tocando), Ámsterdam para querer quedarnos a vivir y vuelta a Málaga para recargar las pilas.

[Málaga siempre para recargarme las pilas.]
[Visitar La Alhambra a primera hora de la mañana ha sido la mejor decisión que pudimos tomar.]

Lo segundo positivo ha sido saber que mi contrato tiene fecha de caducidad. Sí, aunque parezca una contradicción, pero leyendo el principio de la entrada se entiende todo. Podríamos dedicar una larga entrada sobre cómo me enteré de que la persona que estaba cubriendo se incorporaba, pero prefiero seguir recordando Ámsterdam como una ciudad preciosa y no por el casi infarto en el aeropuerto a la vuelta (para luego llegar a contratación al día siguiente y que no hubiese llevado aún ni el parte de alta, una maravilla). Mi vida es así de divertida últimamente.

[Ámsterdam es todavía más bonita en directo, me quedo con eso.]

Toda esta cantidad de cambios me han servido también para tomar decisiones con respecto a varias cosas. Y una de ellas es volver a presentarme al EIR. Será mi sexta vez y será la última, o lo consigo por fin o desisto definitivamente. Pero siento que esta vez es mi oportunidad, mi año, el momento de oro. Ojalá lo consiga, de verdad, que quiero quitarme esa espinita.

Y así de intensa es mi vuelta al cole, a la calma. Así se ha presentado el verano, estos dos meses de silencio. No sé si vuelvo con las pilas cargadas como para hacer frente a todo lo que quiero hacer, pero al menos sé seguro que vuelvo pisando fuerte y con ganas.

Nos leemos por aquí, entonces. ¿Qué tal vuestro verano?


*Esta entrada se escribió con mucha música de Slipknot de fondo, especialmente las salvajadas de sus últimos temas (Unsainted, Solway Firth, Birth of the cruel)

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