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Plan de cuidados literario

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Isabel Garrido – enfermera y poeta

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La estantería de los cuadernos

Publicada el 23 febrero, 202622 febrero, 2026 por Isabel Garrido

Yo, la loca de los Excel, tengo uno para cada cosa, a modo de base de datos. Eso incluye registros variados y, por supuesto, registro de los cuadernos.

Revisando esa base de datos, con sus correspondientes pestañas para los cuadernos que atesoro esperando su momento (separados por formato, entre el A5 y el A6) y la pestaña de los ya terminados y en uso, he visto algunas cosas que me han resultado curiosas. Teniendo en cuenta que empecé con el primero, por recomendación de Elena Cardenal, allá por 2009, son unos cuantos años y unos cuantos cuadernos.

El uso de mis cuadernos literarios

Quizás es una de esas cosas que más ha evolucionado con el paso de los años. Al principio el cuaderno era una cosa que usaba solo y en exclusiva para apuntar ideas de proyectos literarios (en aquel entonces, mis primeros intentos de novela). Personajes, líneas que quería incluir, inspiración… Por ello me acercaba a escribir en ocasiones contadas y el cuaderno podía durarme mucho tiempo.

En el trascurso de los años empezaron a aparecer por ahí textos cortos, poemas y toda clase de ideas varias que no encajaban con un proyecto en sí hasta ser hoy en día una suerte de «diario literario». Y le pongo muchas comillas al asunto porque no es un diario como tal, con su lado personal y eso, es simplemente el lugar donde cada día voy a escribir sobre el tema que sea y acabo divagando del libro que esté leyendo, la idea a la que le esté dando vueltas y esas cosas. Lo veo como mi obligación diaria a sacar adelante un tema y escribir sobre ello para que no se me oxiden las ideas ni la práctica.

Nada que ver con el inicio. Y me gusta más como es ahora, más flexible y menos encasillado.

El tamaño de los cuadernos usados

Empecé con un cuaderno pequeñito, muy pequeñito, un A7. La cosita más portátil y mona para llevar encima. Y eso me duró una barbaridad de tiempo viendo cómo me las gasto ahora, estuvo año y medio conmigo hasta que se acabó. Pero claro, si solo apuntaba ahí cuatro cosas de mi proyecto de entonces y solo escribía cuando tenía algo para ese proyecto, era normal que me durara. Además, lo que era la escritura en sí del proyecto la iba avanzando por otro lado, no es que no escribiera (tengo un buen archivador lleno de capítulos de ese intento de novela, todo a mano con boli Bic).

Esta cosita monísima y divina fue mi primer cuaderno literario, sí.

A partir de ahí fui alternando los formatos A5 y A6, según lo que tuviese a mano. Y mientras que al principio un A6 promedio podía durarme unos cuantos meses (medio año de media), los A5 se me eternizaban y podían durarme más de un año. Un año con un mismo cuaderno, página a página escribiendo, puede dar lugar al aburrimiento del formato o del objeto en sí, pero desde luego que seguía hasta acabarlos.

Como tantas cosas, todo cambió con la pandemia. Me pilló con un A5 finito, de esos que se escriben fácil, y me duró todo un año. Ese año que ahora siento en mis recuerdos borrosos, sí. Todo lo que hay ahí son bocetos de lo que luego se convirtió en Catenarias. No hay mucho más porque lo que me salía era dolor, que fui condensando en poemas y acabó siendo libro. Nada más.

A partir de Catenarias, a partir de terminar ese manuscrito (que acabó con la vacuna del Covid) he escrito a una velocidad y una intensidad que no tiene absolutamente nada que ver con todo lo anterior. He devorado cuadernos. En concreto, desde febrero de 2021 hasta hoy sumo dieciocho cuadernos terminados y uno a medias.

El contenido de mis cuadernos literarios

He hablado del tamaño, de la evolución en el uso, del tiempo que tardo en completarlos, pero no tanto del contenido.

Y es que, como buen laboratorio de experimentación que son, se notan las épocas de la vida en las que escribo. Se notaron las épocas oscuras y tristes, estresadas, con cuadernos que se alargaban eternamente. Se cuelan entre las páginas los EIR preparados, las oposiciones, todo ese estudio y agobio. Se nota el cambio de la pandemia y el cambio de chip, de pasar de la escritura más o menos casual a lo diario. Se notó el embarazo, con sus cuadernos pequeñitos y manejables, y lo intenso de lo plasmado en sus páginas. Se ha notado el posparto y la maternidad, con sus entradas irregulares, sus subidas y bajadas. Todo está ahí.

Los proyectos literarios quedan reflejados también con su correspondiente evolución. Más notas de otros libros. Más citas recogidas. Más trabajo alrededor de las lecturas. Más capas. La frustración cuando sabes que algo tienes pero no termina de salir. Los intentos, los experimentos, los tachones. Los versos en sucio, escritos de cualquier manera, con la puntuación justa, sabiendo que eran meros borradores para el futuro. Las notas de corrección, las divisiones, los poemas y su posible unión o separación entre ellos. Las ideas para futuros proyectos.

Al final, escribiendo a diario, hay de todo ahí plasmado. Páginas y páginas donde practico cosas que nunca verán la luz, pienso en papel, esbozo muchas de las entradas aquí publicadas o me dedico a dar vueltas sobre tal o cual tema que me interese en ese momento.

Todo eso es mi cuaderno literario. Y el Excel en el que recopilo esa información es una forma, que me funciona de tener un registro ordenado de inicios, finales y trayectorias. Así, si luego tengo que buscar cualquier cosa, solo tengo que tirar de esta base de datos, buscar fechas y el cuaderno en concreto que me interese para poder consultar lo que sea. O venir, como ahora, y ver esa evolución de tamaños, fechas y contenidos ante mis ojos.

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Isabel Garrido (Málaga, 1989)

Enfermera y escritora. Autora de:
  • "El lenguaje del cuidado" - relato incluido en la antología 101 relatos de la enfermería (Vinatea Editorial, 2022)
  • Catenarias (2021; reedición en Amazon, 2022)
  • "Pero eran otros tiempos" - relato incluido en la antología Mujeres en construcción (Vinatea Editorial, 2018)

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Todo el texto de esta web, así como los textos publicados en mi newsletter Palabras que cuidan, están escritos por mí, sin uso de inteligencia artificial en el proceso. Las imágenes usadas son o fotos propias o, las menos, de bancos de imágenes. Ninguna aplicación para generar ideas ha sido tampoco usada para pensar mis textos o los posibles temas a tratar en ellos.

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