La imagen que más me persigue desde hace años. La poesía y sus posibilidades recorriendo la punta de los dedos cual descarga eléctrica a punto de salir y expandirse. La sensibilidad paseando en la página como si no tuviera nada que decir, como si lo hubiese dicho todo.
Las ganas de volcarme parece que se han fortalecido. Me dedico a pensar en más posibilidades de poemas que en escribir. Pero el hecho de la existencia de esas posibilidades es lo que me lleva a querer continuar, a querer plasmar de nuevo. A agarrar este cuaderno y volverlo a convertir en herramienta de trabajo y compañía continua. En transformar la existencia de estas páginas en algo que no quiero llamar productivo, quiero llamar creativo, con todo el peso que conlleva eso.
Avanzar y sentir que creo, que puedo tocar la literatura con la punta de los dedos que hormiguean sintiendo la poesía ahí borbotear y chisporrotear. Es con eso con lo que recorro las páginas de este cuaderno que trato de hacer tan mío, tan intenso. Aliento mi creatividad poco a poco, la alimento con lo que tengo, trato de expandirla al máximo y que crezca todo lo posible. Alimento a este burbujeo interno, abro los ojos lo que puedo, trato de mantenerlos abiertos como sea. Nutrirme a través de ellos, trasladar al papel cuanto puedo.
Cuando creo que el silencio se acerca a mi pluma y trata de adueñarse de ella, cuando creo que por más que busque y pruebe no encuentro palabras para continuar me aferro a lo que sea para tratar de no perderme. Los hilos que siento como flecos sueltos los anudo y trenzo con las ganas, con esos retazos de lo observado y leído. Pruebo combinaciones. Experimento. Me exprimo. Lo que sea con tal de no sentirme apagada.
Cuando me pierdo, experimento las ideas, experimento la visión de lo que tengo, me dejo iluminar y me dejo guiar. Pruebo a que la intuición me muestre lo que ahora mismo permanece opaco ante mis ojos. Observo a mi alrededor. Dejo que esa chispa creativa que tiembla en la punta de los dedos crezca poco a poco y deje su rastro en el papel aunque sea a rachas y a parches. Y gracias a eso crece poco a poco y se va enraizando mi actual proyecto.
Cuando la vida adulta aprieta, con su lista infinita de tareas y responsabilidades, sigo como puedo, pero no renuncio a lo escrito. No renuncio al cuaderno. Me sigo sentando cada mañana y sigo escribiendo.
Bien vale eso un tesoro.

Ni que decir tiene que esto es un poema en prosa. Me encanta. Seguro que esto ya lo sabes, pero, vaya, tienes algo precioso entre manos. Da gusto leerte. ❤️