Mi gran propósito literario este 2026 es monitorizar la escritura. Después de medio año en ello he ido afinando el método y he empezado a sacar en claro algunas cosas.
Sé que hice una entrada preliminar en marzo hablando de cómo me iba el método que estoy siguiendo. E hice otra hablando del pequeño cuaderno de registro que llevo encima. La verdad es que entre unas cosas y otras el tema de la monitorización va tal que así:
- Sigo sin monitorizar ni el recuento de palabras ni el momento de escritura. Tampoco me interesan. El momento del día que uso para escribir siempre es el mismo, salvo excepciones, así que no tiene sentido apuntar esto. El recuento de palabras me da pereza hacerlo escribiendo tanto a mano.
- Sigo siendo nefasta planificando y cumpliendo. Me empeño en ser mapa cuando soy pura brújula, sí, y luego pasa lo que pasa. Para lo único que me sirve pensar por anticipado qué escribir es para decidir las entradas semanales. Y aún así cambio muchas veces de tema antes de publicarlas.
- El registro diario lo hago en el cuadernito de registro. Cero complicaciones: una fecha, tiempo dedicado, páginas escritas a mano, breve línea sobre lo escrito. Si eso, qué he enviado a editorial, si hay nuevo poema, etc. En sucio y sin ningún tipo de formato, que me da igual. Gracias a eso mantengo la rutina de registro.
- Una vez a la semana, recapitulación. Paso a limpio todas esas notas, ordeno lo del cuaderno, hago números. Así he podido descubrir puntos débiles en ciertos días de la semana muy concretos, por ejemplo. Esto me interesa de cara a prevenir días en blanco porque sé que se me hacen más difíciles de escribir que otros. También me permite ver cuándo me estoy pasando con las notas rápidas porque eso significa que hay algo más a lo que no estoy prestando atención y que me afecta como escritora.
Algunas conclusiones después de este semestre de monitorización en la escritura:
- La constancia y el horario regular se notan. Después de tantos años de horarios irregulares y tras el huracán de la maternidad el hecho de tener un momento del día muy concreto para escribir, con intervalos regulares para hacerlo (15-20 minutos diarios), me supone menor dificultad para entrar en flujo a la hora de escribir. A poco que relea lo del día anterior o que tenga alguna frase con la que empezar todo va más sencillo que antes. Comprobar esto día a día en el registro hace que me sienta realizada, la verdad.
- Están más que demostrados cuándo son los momentos flojos. Al disponer de tanto tiempo observado y anotado ya se saben y se intuyen cuáles son. Tenerlos en cuenta para hacerme la vida más sencilla esos días es crucial.
- Pensaba que planificarme las sesiones de escritura me servirían, pero no. No niego que a otros escritores, de mapa, les sirva, pero para mí no. Me salto el planning, cambio de tema y voy hacia otros que me interesen más. Así que esta faceta de la monitorización, por más que me interese, no me es de utilidad.
- Lo único que planifico de forma anticipada son las entradas. Eso sí que está demostrado con la experiencia que me sirve y me funciona. Tener un tema de antemano me ayuda a estar la semana girando alrededor de él para que cuando llegue la hora de teclearlo tenerlo más o menos desarrollado. Con matices, claro, que a veces la semana depara otros temas y toca moverlos o lo que tenía pensado lo mismo no me interesa o no me lleva a ninguna parte.
- La recapitulación semanal me enfrenta de verdad a lo que he hecho. Antes lo hacía de forma mensual y sentía que no me servía de mucho hacerlo. Ahora, con los números por delante cada semana, los domingos, es cuando veo de verdad si esa semana me he dedicado a las notas rápidas sin escribir demasiado, si ha sido una semana de inspiración o qué. Me ayuda a ponerme las pilas de cara a la siguiente.
En general estoy contenta con este sistema. Sé que se podría optimizar, que no estoy sacándole todo el provecho que otros podrían, pero para mis circunstancias actuales con lo que hago me siento que avanzo mejor y no me pierdo por las ramas. Y ya solo por eso merece la pena tanto registro y los números que hago.
