Una opositora escritora

Una opositora escritora

Que a lo largo de este mes de noviembre he estado escribiendo no es ninguna novedad. Que también he estado estudiando y lo he compaginado todo es lo que quizás no se explique del todo. Hoy os cuento cómo lo he estado haciendo durante el reto.

El trabajo previo: organización

Un tiempo antes del NaNo, cuando publicaron la convocatoria de la OPE el 30 de junio, me dediqué a estudiar mis posibilidades de todo. Estuve haciéndome un listado del temario, estudiando mis cuadrantes de turnos y viendo cómo podría repartir las horas de estudio cada semana en función de mis horas de trabajo. A finales de septiembre, cuando volví de las vacaciones, empecé a poner en práctica lo que había planificado, activé el «modo opositora» y vi que me funcionaba.

Con la rutina de estudio más que clara solo me quedaba buscar el hueco para escribir durante el NaNoWriMo y el ideal se reveló pronto: a primera hora de la mañana, antes de empezar a hacer cualquier otra cosa.

El horario de escritura

¿Cuál es el horario ideal para escribir? Depende muchísimo de cada uno, de cómo trabaje, de las circunstancias y de todo. Yo ya sé, con los años y la experiencia, que por la mañana soy una persona que escribe con gran facilidad, mejor que por la tarde, al igual que sé que «estudio» y «mañana» no son compatibles en mi caso.

Lo que tenía claro es que no quería construir el horario del día en torno a la escritura y luego encajar el estudio, más bien al contrario, priorizar el estudio y ver cómo encajaba la escritura en eso. También tenía claras algunas otras cosas:

  • El horario de escritura iba a ser rígido. ¿Tengo una hora para escribir? Eso es lo que hay. Nada de alargarlo hasta el infinito, quitándome tiempo de otras cosas. Hacerlo así la verdad es que me ha venido bien, no solo para que me diese tiempo a todo, también para ver que en una hora soy capaz de llegar al mínimo de palabras diarias (1667) si acelero.
  • Madrugar para escribir los días que trabajo iba a ser mi opción, por encima de esperarme a volver a casa a hacerlo. Si me espero a la vuelta sé que no voy a escribir igual, volveré cansada y sin ganas de nada. Prefería adelantar el reloj veinte minutos y arreglarme más rápido, a cambio de tener más tiempo para mí y para mi texto. En cuarenta y cinco minutos se pueden hacer milagros, lo garantizo.
  • La ventaja de tener más o menos planificado el reto es que no te sientas por la mañana y piensas: «¿y ahora qué?». Teniendo en cuenta que tenía tiempo justo y que después de eso en el resto del día probablemente no iba a volver a escribir más, tener de antemano hecho del trabajo de pensar qué iba a hacer cada día me ha facilitado sentarme a crear cada día.
  • Una vez que se me acabe el rato de escritura que previamente haya planificado, se acabó hasta que termine el resto de mis obligaciones. Si queda algo pendiente de la academia, de mis cursos (estoy haciendo dos a la vez, sí) o de lo que sea, eso va por delante de escribir. Más me vale haber llegado al mínimo de palabras o darme caña para terminar lo que sea si quiero recuperar el contador de palabras.

Funcionar, me ha funcionado todo. El reto del NaNo lo he conseguido y, además, el estudio no se me ha resentido demasiado. Estoy más cansada, sí, después del esfuerzo de ese mes imposible no estarlo, pero es un sacrificio que podía y estaba dispuesta a hacer a lo largo de noviembre.

El horario de estudio

En diciembre por supuesto que aflojo el ritmo y no me hace falta seguir este horario tan extenuante, cualquier hueco me vale y ya escribo más en los días libres de turnos. Vuelve a ser mi prioridad número uno el estudio y avanzar el temario, mis cursos y todo lo que se me haya quedado pendiente y/o renqueante del mes pasado.

A lo largo de noviembre mis tardes eran en exclusiva para estudiar, hacer tests y leerme los resúmenes que tuviese o ampliarlos, hacer los de los temas que han añadido en esta convocatoria, etc. He ido un poco más lenta, pero por suerte no me he retrasado demasiado.

Mi único motivo de retraso ha sido con un tema muy concreto que se me ha hecho bola por motivos personales y que he decidido ir trabajando muy poco a poco conforme vaya haciendo el resto. Superior a mí leerlo, esquematizarlo y estudiarlo. No quiero que eso me condicione el resto, habiendo otros temas igual o más importantes.

Aparte de eso, organizarme es la clave para llegar a todo:

  • Como cada semana, cuando llega el domingo (o el lunes por la mañana a primera hora, si el domingo trabajo), organizo el temario a trabajar en los siguientes días. Me hago un listado de lo que lleve retrasado de la semana que termina (ejemplo: el test del tema, o un resumen que no he terminado) y ya con eso empiezo, encajando primero lo más urgente (cierto curso que ando haciendo, las clases de la academia) y luego ya el resto, según los turnos.
  • Un día a la semana se descansa. Siempre. Ese día no se hacen ni tests ni nada. Esto es necesario si no queremos acabar a final del proceso de estudio sin cabeza, más cuando todos los días se hace algo.
  • ¿Cómo sé qué puedo hacer cada día? Me divido el tema según el número de páginas. Lectura con subrayado, aprovechar las clases al máximo para entender cada tema (y si trabajo el día de academia en cuanto está el vídeo disponible me lo pongo en casa mientras leo y esquematizo) y aprovechar las horas que puedo dedicarle al máximo, exprimirlas. No hay otra.

Quizás, hablando tan constantemente de organización, pueda parecer que vivo continuamente obsesionada con esto. Pero en realidad empleo poco tiempo en hacer todo esto, en el rato de los domingos por la mañana (día ideal también, por cierto, para escribir), el resto de la semana ni cinco minutos. La clave, en realidad, es la constancia, la fuerza de voluntad para que, a partir de lo diseñado en papel, el trabajo diario fluya.

Hay días malos, por supuesto. Días que por mucho que quieras estudiar o hacer lo que sea no hay manera. Y no pasa nada, esto es un proceso orgánico y constante, en continua revisión.

Tengo muy claro lo que quiero. Y que lo que quiero está ahí, al alcance de mi mano, y esto es solo una carrera de fondo. Estoy dispuesta a trabajar duro para conseguirlo.

PD: Esta entrada se escribió enterita con la música de BABYMETAL de fondo porque en esta casa nos damos caña desde los auriculares.

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